Oct 23
Espero sentado frente a la pantalla en blanco.
No pasa nada.
Nunca pasa nada si yo no permito que lo haga.
En la mente se van desdibujando retazos antiguos
que no quería olvidar antes de morir:
tu sonrisa,
el tacto de tu piel,
el sabor de tu sudor contra el mío.
¿Por qué no puedo recordar?
Pensé que siempre podría.
Siempre.
Era una palabra que tenía significado.
Quería decir que al despertar cada mañana
sabría que existías y podría sonreír.
Nunca.
Eso es ahora.
Nada.
Es lo que me queda salga el sol o se ponga.
Luché contra los dragones del olvido,
contra hordas de feroces manchas de tinta
que pretendían borrar mis palabras.
Intentaron que volviera a atrás,
a las trincheras,
a salvo de los morteros con cargas
de silencios y vacíos que me lanzabas.
Escribí mil líneas.
Mil versos.
Mil vidas contigo.
Perdí no por falta de ganas,
sino por abandono del adversario.
¡Quería pelear por ti!
Luchar hasta morir,
llorar de rabia,
intentarlo una y otra vez,
no desfallecer jamás.
Ante nada.
Pero la nada de la que hablo,
ésa es la que se presentó en tu lugar.
Jugar, bailar, gritar, volar incluso,
no sirve si tú no puedes verme.
Me pregunto si fue miedo,
si fue cobardía,
si fui yo o si fue el destino.
Me quedé solo.
Blandiendo mi triste espada,
ahora convertida en una vara de arlequín.
Sin nadie contra quien pelear.
Sin nada que vencer.
Sólo el sonido hueco del olvido.
Sólo la oscuridad.
Y por muchas preguntas que formule,
sólo tú puedes contestarlas.
No hiciste nada.
Nunca.
Y ahora lo único que queda
son dos palabras que describen lo que valgo.
Nada.
Nunca.
Ojalá pudiera ser todo,
siempre,
como lo era al menos cuando soñaba contigo.
¿Cómo estás?, preguntó él.
Ella se limitó a darse la vuelta y caminar.
Y caminó hasta que se perdió en la neblina del olvido.
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Oct 16
Camino por la calle sin rumbo claro.
En los oídos versos cantados,
memorias de tiempos mejores.
Todo el mundo conoce el sabor
de las lágrimas.
No todos saben qué significa
la felicidad.
Selecciono las partes de las personas
que pasan alrededor y que me iluminan:
una sonrisa,
labios sensuales,
ojos que observan en lugar de mirar,
pasos de gigante para mentes pequeñas,
ogros que ríen como niños,
dedos de carícia suave,
tonos de voz,
piernas que mecen el deseo
y lugares remotos que fueron
explorados hace mucho.
Miro, escudriño, observo,
aprieto los dientes y me permito soñar.
Soy tú y él y nosotros.
No, nosotros no fue nunca.
Rompí corazones, dormí sin ganas
y me acosté con princesas y dragones.
No siempre al mismo tiempo.
A veces sí.
Asoma por la comisura de los ojos
la palma de una mano que pasea.
Es la mía.
La veo y no la reconozco
si la tuya no la abraza.
Los demás siguen pasando a mi alrededor.
Ajenos a mi pena, mi gloria,
mi nada.
Si muero ahora, nada cambiará.
Habría podido cambiar tantas cosas
estando vivo.
Habría podido quererte mejor
y ahora mi mano no sería huérfana.
Habría podido darme cuenta de que
tras seleccionar las partes separadas del mundo,
el todo que se forma es peor que tu todo.
Habría podido echarte menos de menos
y darte más de lo que soy.
Habría podido…
Un momento… ¡Estoy vivo!
Ah, pero si lo estoy se muere el condicional
y nacen el presente y la capacidad de cambiar.
¿Quiero cambiar?
Quiero quererte. ¿Me dejas?
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Oct 09
He pensado que voy a inaugurar una nueva sección dedicada a la poesía. Así que los viernes se convierten desde ya en los días del poema en www.jaumear.com.
Cojo una bocanada de tristeza.
Densa,
pesada,
casi líquida.
Se cuela en mi organismo.
Despacio.
Saboreándome.
Caen las defensas de palacio.
Es demasiado tarde, siempre lo es.
Hay tantas cosas que quiero decir,
hacer, borrar, rehacer.
O sólo estar.
¿Qué ha pasado?
¿Cuándo dejó de importar todo?
Da igual lo que haga, lo que diga,
lo que piense,
sienta,
grite o pelee.
He perdido pero no he muerto.
El soldado vencido no conoce la gloria
y lo peor del olvido es ser el único que recuerda.
Sólo quería quererte.
Tú sólo olvidarme.
Pobre suerte la que me reservan los dioses.
Ya no hay más bromas comunes,
se ha extinguido el parpadeo anaranjado
en la pantalla del ordenador: nuevo mensaje.
Quedan atrás los teechodemenos,
siestuvierasaquí o temandounbeso.
Un vacío ocupa el lugar del todo anterior.
Han volado las palabras dulces
y sólo permanece sobre mis labios
la quemazón de los tuyos.
Miro melancólico el beso infinito
que vive dentro de una imagen en jpeg.
Quisiera volver allí en lugar de recordar,
pero me arden los pulmones.
Exhalo la bocanada de tristeza.
Densa,
pesada,
llena de añoranza.
Sólo quería quererte.
Quizá sólo pueda hacerlo desde el olvido.
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