Oct 19
De todas las cosas que importaban,
de todas…
ya no queda ninguna.
En su lugar queda el silencio roto,
el corazón sucio
y un cenicero lleno de sueños apagados.
El olor de lo que fue,
esa esencia con la que se escribían las ilusiones
ahora sólo son cenizas deshechas.
¿Te acuerdas de…? Detienes la pregunta.
No queda nadie para escucharte.
Una risa en la memoria. Resuena.
Ecos de poemas que no llegaron a rozar
su piel,
sus oídos,
sus manos.
Triste vida la del solitario,
siempre vencido por sus recuerdos.
Lamentando cada instante perdido.
Perdido por amor, por honor,
por querer demasiado,
por querer demasiado poco.
Di adiós.
Levanta la mano al infinito. Se ríe.
Mira a los ojos a ese destino que te odia.
Sonríe con la sonrisa truncada del que llega el último.
Mata y muere por esto.
Saluda mientras su forma se borra de la retina,
se airea su perfume,
su tacto se deshace entre los dedos.
Coge el cenicero lleno de memorias.
Arrójalo al vacío.
Date la vuelta. Termina el saludo.
Adiós.
Es una palabra hecha de plomo.
Adiós.
Pesa.
Sigue.
Camina.
Reinicia.
Adiós.


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