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  • Apr 11

    Imbéciles todos los días

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    Después de una semana de mucho trajín, llega el sábado. No apetece salir de casa y en lugar de vestirme, el chándal me parece una opción más que respetable. Es un día de perreo total. Pero son las diez menos diez y el Madrid-Barça empieza en breve. No hay problema, estamos en la era moderna. Google: ver Madrid Barça online. Nada. La única página que encuentro me pide que mande un mensaje de texto al uno cuatro cuatro ostias. Sigo buscando. Nada. Soy negado. Ya se oyen los gritos de los aficionados a través de la televisión de algún vecino. Maldita sea. Paso más de diez minutos buscando en la red un poco de piedad gratuita. Nada. Se pone Laura delante del ordenador, borra del google la palabra “ver”, le da al enter y voilà. Me mira como diciendo “no tienes ni idea”. Yo quiero excusar mi torpeza masiva, pero de repente se inicia la conexión y ya tenemos el partido en directísimo.

    Escucho con cierto grado de indignación los comentarios de los tipos que narran el encuentro. Parece que tengan metido un trocito del Madrid en el colon. ¡Por favor, un poquito de imparcialidad! No es posible que se digan tantísimas estupideces seguidas. Que un jugador del Barça falla un pase: el peor jugador de la historia, este Barça se está hundiendo… Que un jugador del Madrid hace una falta: no hay para tanto, ha sido sin querer. Se me abren los ojos como platos, porque soy consciente de que la objetividad es utópica, pero la falta de esfuerzo de esta gente por lograrla es más que patente. Si miro la pantalla y escucho a la vez lo que dicen, da la impresión de que están viendo un partido que acontece en un universo para-lelos.

    Llega el primer gol del Barça. Messi recibe un pase de Xavi, controla con el pecho, hace un giro de cintura con el que un ser humano normal se partiría un par de huesos y marca humillando a las leyes de la física más elementales. Golazo. El comentarista de La Sexta dice gol mientras busca maneras de desacreditar una gran jugada. ¿Qué es el periodismo? ¿Un sueño, una ficción? Los hechos son los hechos. Punto pelota dentro de la red del Madrid. Sé profesional por una vez en tu vida y métete el orgullo por donde guardas ese cachito madridista que llevas enquistado en el intestino grueso. Empiezan a confabularse los comentaristas del partido. El señor Esteva no puede consigo mismo. Si le buscáis en la wikipedia dice que es periodista deportivo. Error. Que quien metió esa entrada, retire semejante blasfemia, por favor. Empieza a decir, en un arrebato de ira infantiloide, que la parada con el pecho de Messi es mano. Por la boca muere el pez. Ponen la repetición. Y aunque tienen el momento grabado desde tres ángulos distintos y pueden ponerlo en cámara lenta, no se ve ninguna mano. Pero la rabia y la falta de profesionalidad son una mala combinación. “Es mano, claramente”. Y lo repite sin cesar mientras los casi siete millones de espectadores ven con sus propios ojos que no hay mano en ninguna parte cerca del balón. Pasan casi quince minutos hasta que el comentarista, antes de dar paso a los anuncios del descanso, admite, MUY A SU PESAR, que no había mano. MILAGRO, le ha vuelto la vista o, simplemente, alguien ha tenido la gentileza de decirle que se ponga las gafas.

    La segunda parte es más de lo mismo, sólo que ahora el Madrid va a por todas. Y claro, se escapan faltas, entradas un poco más fuertes de lo habitual y algún que otro codazo. No lo justifico, pero es normal. Van perdiendo en su campo en un partido donde todos tienen los nervios muy a flor de piel. Sin embargo, el amigo comentarista que vive en un mundo completamente imaginario, ve entradas de lo más normales y sólo es capaz de acribillar con sus comentarios de chiquillo de diez años a los jugadores del Barça. ¡Crece de una vez! Y no es que éstos jugaran con menos dureza, que hubo de todo menos santos sobre el terreno de juego.

    Llega el segundo gol del Barça y el pobre ya no sabe qué decir, ni cómo. Sus argumentos promadridistas se marchitan por momentos. Le sale dar el resultado: “Real Madrid, cero, Barça, dos”. Y el “dos” se llena de impotencia y agresividad contenida. Si esto es periodismo, me avergüenzo de formar parte del gremio. No, qué coño. El que debería sentir vergüenza es este señor, que se debió saltar la clase en la que hablaron de lo que es la objetividad y lo que significa. Quien sea que colgara su entrada en la wikipedia, por favor, que repase los conceptos en un diccionario y si fue él mismo, que se compre uno.

    Alves hace caer a Cristiano fuera del área grande. Mejuto pita falta y los comentaristas se enzarzan en una disputa de bar, diciendo que debería ser la segunda amarilla para el jugador. Me pregunto qué partido estaban viendo. Así siguen, con la amarilla en los labios hasta que pocos segundos después, es Sergio Ramos el que hace una entrada que roza la tarjeta. Se callan. El árbitro ve que tampoco había para tanto (no lo había) y sólo pita falta. A alguno de los comentaristas se le escapa un “cuidado” que lo dice todo. Se les acaban las tonterías sobre las que divagar. Entonces entra Iniesta y en la primera intervención no está muy lucido. Otra vez al ataque. Que si juega con miedo, que si ya no es lo que era y más bla bla bla típico de aficionado al fútbol más que de comentarista deportivo. Minutos más tarde, como si les hubiera oído, el mismo jugador inicia una jugada en la banda que roza lo brillante y se desesperan.

    Termina el partido. Cero a dos. El Barça estuvo bien. El Madrid no jugó mal, pero sí peor. Le faltó juego en equipo y le sobró el ego de Cristiano Ronaldo, que quería meter un gol a toda costa y la pifió con tanta filigrana. Hoy los periódicos barcelonistas llenan sus páginas de artículos en los que se habla de superioridad y demás, pero lo cierto es que los del Barça también sufrieron ante un Real Madrid que todavía no ha dicho la última palabra. Acribillaron a Messi a faltas, sí, pero los blancos también se llevaron una buena dosis de patadas. Fue un buen partido y lo único despreciable fue la actuación de un comentarista de La Sexta que es de todo menos profesional. Porque si bien es lógico que los que narran los partidos tienen sus afinidades, es vergonzoso que las aireen aprovechando el hecho de que tienen un micrófono ante los labios. Dice un proverbio chino: antes de hablar, dale diez vueltas a la lengua dentro de la boca y luego, cállate. El silencio es de sabios. Y los que tienen la voz cantante deberían serlo o cómo mínimo, aprenderse cuáles son las mecánicas ESENCIALES de su profesión.

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