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  • Mar 20

    La historia empieza con una visita a una página de actores que no viene al caso citar. Allí encuentro un cásting (no, no sé si lleva tilde, pero me suena mejor con) que RTVE va a realizar para diferentes papeles de la versión musical que va a hacer de la serie “Cuéntame” y que se llamará “Cántame” (originalidad a raudales). Mando mi currículo y fotos de guapo varias (yo qué sé, maravillas de la tecnología y de mis amigos que tienen una maña alucinante con las cámaras). A los dos días me llaman para citarme el pasado día 17 en los estudios de Sant Cugat del Vallès de RTVE a las 8:30 de la mañana. Me dicen que lleve tres canciones preparadas para la prueba. Hasta aquí normal. Empiezan las cosas raras: la chica que me ha telefoneado pregunta que si voy a ir solo o acompañado. “Eeeeem… solo”, contesto. Dice que puedo llevar a amigos, familiares y demás y que pueden hacerme los coros e incluso bailar detrás de mí mientras yo canto en el cásting. Yo alucino. Pero me recompongo pensando algo racional que explicaría semejantes sugerencias. Algo racional que no soy capaz de recordar, por supuesto. Nos despedimos y no le doy más vueltas al asunto.

    Día 17. Tengo todo lo necesario para ir a la prueba. Me levanto a las 7 para ducharme, vestirme y tener tiempo de ir a la estación y coger el tren hasta Sant Cugat. En la calle hace un frío increíble. Me he preparado las tres canciones, incluida la de Robbie Williams: Angels. Iluso de mí creo que les voy a asombrar. Después del trayecto en tren y andar cinco minutos, encuentro los estudios de RTVE. Hay gente haciendo cola, pero como son las 8:15 de la mañana no me preocupo en exceso. Todavía faltan quince minutos para que empiece. Quince minutos más tarde aquello sigue igual, sólo que ahora hay gente haciendo cola tras de mí. Oigo conversaciones de los diversos grupitos que hay por ahí: unas señoras se han traído a sus maridos y a alguna de sus hijas (chan-chaaaaaan), primeras sospechas: ¿esta gente son profesionales?

    Las nueve de la mañana. Más gente haciendo cola. Seguimos sin poder entrar. Hace tanto frío que ya no me siento los pies. Noto una ligera brisa de cabreo que me sube por la garganta. Respiro. Trago. Nueve y media de la mañana. He perdido la sensibilidad de mis pantorrillas. La gente empieza a cantar a coro la canción de “Cuéntame, cómo te ha ido…” cambiando la letra por cosas como “queremos entrar ya” y demás. Todos estamos hartos. A lo lejos veo que un trabajador de RTVE saca una pancarta que reza: “Cuéntame, el musical” y la pone en la entrada de los estudios, a unos cincuenta metros de donde estamos haciendo cola los del cásting. Cabe añadir: en la puta calle. Chan-chaaaaaaaaaaaaaaaaan. Segundo aviso, ese cartel no es para nosotros, es porque fijo que salen cámaras a grabarnos. Esto es una especie de OT.

    Nueve cuarenta y cinco. Salen cuatro tipos con cámaras del edificio principal, cada uno acompañado por un sonidista con su percha y todo. Ni chan-chaaaan ni ostias, esto huele a timo. Salen también unas cuantas chicas con papeles en las manos y empiezan a hablar con la gente de la cola. Una de ellas empieza a entrevistar a la gente que se encuentra tres posiciones delante de mí. Son una mujer y su marido. Pregunta de entrevistadora: “¿por qué ha venido al cásting?”, respuesta de señora: “porque siempre me ha gustado cantar”, pensamiento en mi cabeza: “¿Dónde coño me he metido?”. Siguiente grupo de gente. Otra señora. “¿Viene sola?”, “no, con mi marido, que está ahí, el pobre, hasta las narices de esperar”. ¿Y cuál fue la respuesta de la chica de RTVE?

    Opción a: Lo siento señora, pero hemos tenido algunos problemillas y hemos empezado tarde.
    Opción b: Y lo que le queda, señora.
    Opción c: A mi el sabor de helado que más me gusta es el de menta.

    Pista: la chica no tenía educación y hacía demasiado frío como para pensar en helados. Así que sólo nos queda la respuesta b. Así es. Ni disculpas ni leches, son los de RTVE y empiezan los cástings cuando quieren, sí señor. Otra oleada de cabreo se me sube a la cabeza. Por otro lado, la señora responde con una risita endeble. Tampoco era profesional. Siguiente: la chica que está justo delante de mí y que va acompañada por su padre. “¿Cantas?”, y aquí atención, porque la respuesta es real y no tiene desperdicio: “sí, debajo de la ducha”. La leche. Me desbordo. Me toca el turno.

    Pregunto: ¿Qué horario tenéis previsto?
    Responde: pues hasta tarde.
    Yo: tarde, ¿cuánto?
    Ella: pues lo que lleve, los cástings son así.
    Yo: no, no lo son.
    Ella: bueno, los que son para cosas de televisión sí.
    Yo: eeeem, no. Yo he trabajado en televisión y tampoco son así.
    Ella: a saber en qué televisión has trabajado. Pero bueno, si empiezas así…
    Yo: (se me sube a la garganta la respuesta de: pues en una en la que las pruebas empiezan a la hora que te dicen; pero me controlo) tienes razón, soy un capullo. Lo único que quiero saber es hasta qué hora tenéis previsto hacer el cásting.
    Ella: hasta las diez de la noche no cuentes con irte a casa.
    Yo: pues ala, me voy ya. Gracias por todo.

    Y así, señoras y señores, acaba mi periplo a las tierras de RTVE. No ser nadie es muy duro. Si algún día pasa al revés, espero recordar este día. Los grandes deberían estar ahí para proteger a los pequeños. En lugar de eso, los pisan. Un saludo y buena suerte, la necesitarás si eres un pez pequeño.


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    One Response to “El grande que pisa al pequeño”

    1. Olga says:

      Dioooooooooossssss, qué gentuza!!!! Hiciste bien en pirarte, Jaume, seguro que ni te habrían valorado como te mereces y ni habrían sabido ver lo que vales.

      Besitos y ánimos! :)

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