Camino por la calle sin rumbo claro.
En los oídos versos cantados,
memorias de tiempos mejores.
Todo el mundo conoce el sabor
de las lágrimas.
No todos saben qué significa
la felicidad.
Selecciono las partes de las personas
que pasan alrededor y que me iluminan:
una sonrisa,
labios sensuales,
ojos que observan en lugar de mirar,
pasos de gigante para mentes pequeñas,
ogros que ríen como niños,
dedos de carícia suave,
tonos de voz,
piernas que mecen el deseo
y lugares remotos que fueron
explorados hace mucho.
Miro, escudriño, observo,
aprieto los dientes y me permito soñar.
Soy tú y él y nosotros.
No, nosotros no fue nunca.
Rompí corazones, dormí sin ganas
y me acosté con princesas y dragones.
No siempre al mismo tiempo.
A veces sí.
Asoma por la comisura de los ojos
la palma de una mano que pasea.
Es la mía.
La veo y no la reconozco
si la tuya no la abraza.
Los demás siguen pasando a mi alrededor.
Ajenos a mi pena, mi gloria,
mi nada.
Si muero ahora, nada cambiará.
Habría podido cambiar tantas cosas
estando vivo.
Habría podido quererte mejor
y ahora mi mano no sería huérfana.
Habría podido darme cuenta de que
tras seleccionar las partes separadas del mundo,
el todo que se forma es peor que tu todo.
Habría podido echarte menos de menos
y darte más de lo que soy.
Habría podido…
Un momento… ¡Estoy vivo!
Ah, pero si lo estoy se muere el condicional
y nacen el presente y la capacidad de cambiar.
¿Quiero cambiar?
Quiero quererte. ¿Me dejas?


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Bravooooooo! I like it!